Sunday, December 26, 2004

Que nadie se entere

Sé que ya de todo se ha dicho
Que mi andar ya no es igual
Que mis penas son tu condena
Que mis ojos son la frialdad

Sé que has dado justo en mi pecho
Munición a voluntad
Déjame salir de este encierro
No soy tu hombre ni tu verdad
Acto 1. Escena 1.
Se abre el telón. Set: Scalabrini Ortiz y Mansilla, puerta de mi casa, circa 8 pm del jueves 23. Personajes: El Peláu (Her) y su padre. Acción: llega en auto mi viejo y yo bajo con un par de bolsas, actuando algo mareado. Entro al auto y me pongo de cara al aire acondicionado para recuperar el color --me bajó un poco la presión. Se entiende, hace mucho calor y todavía no comí. Se cierra el telón.
Escena 2.
Se abre el telón. Set: casa de mis padres, frente al monitor de la PC, que goza del lujo de la banda ancha, pasando la medianoche, ya viernes 24. Agregado: mi camarita usada como webcam. Personajes: uno real (Her) y varios virtuales: Floppy, Daniela, Lady, Perra y Grrl, entre otros. Acción: por vía emesenística, saludos navideños van y vienen con Dani. Floppy me manda música recién salida del horno (de Amarillo). Perra me tira palos (mal), insinuando que mi pelada le provoca ganas de llenarla de besos (!) y otras cosas similares, y me saca fotos escrachosas. Lady se le suma para molestarme como hace siempre (en realidad ella es la pionera). Manoteando como ahogado, pido auxilio a Grrl, pero nunca entendió qué pasaba. Entra en escena Mariano, también por MSN. Mientras tanto me bajo siete empanadas y unos vasos de Coca-Cola (no se vive del aire).
Luego de que unas horas antes ella me dijera que no, que no salíamos, dudaba si ir a ese cumpleaños o no, porque mi noche iba a ser un tanto solitaria. Pero Mariano está con dos de los pibes y cuando les propongo ir (aclarando que los hacía entrar gratis y tentándolos con una botella de vodka que tenía en casa, claro) me dicen que sí, que vamos, pero ya. Dura lucha para decir adiós a los bloggers conectados... después de ser disuadido varias veces por Grrl, junto fuerzas y me voy, una hora más tarde de lo acordado. Se cierra el telón.
Acto 2. Escena 1.
Se abre el telón. Set: auto prestado por mi viejo, circulando por Avenida Del Libertador, circa 3 am. Personajes: el conductor (Her), el copiloto ebrio Nacho (el Palomo), y los dos pasajeros con principio de borrachera, Mariano (el Poio) y Oscar (Titi). Acción: después de saludar a la cumpleañera en Chavela, y brindar con ella con cerveza, pero uno o dos sorbitos únicamente porque cuando manejo el auto de mi viejo no tomo nada, por diferentes razones partimos a los 15 minutos con rumbo a Mint, donde los egresados del ITBA festejaban su graduación.
La lata de cerveza casi llena queda tirada en la vereda de una estación de servicio de Salguero y Libertador: habiendo Speed con vodka a montones, los choborras la desprecian sin pensarlo. A todo esto, tengo sed. ¿Qué puedo tomar? Speed, y un par de tragos, nada más. Por suerte la entrada va a ser gratis; otro boliche más. Con lo que pienso de estas noches, alguien se preguntará por qué sigo yendo. Ni yo lo sé, así que la duda permanecerá igual. Se cierra el telón.
Escena 2.
Se abre el telón. ¿Ya es enfermante el formato teatral? No me importa. Set: Mint, en Punta Carrasco, circa 6 am. Personajes: el tarado (Her), y los que se detallan a medida que se desarrolla la acción. Acción: ya amanecido el día sobre el río, como va terminando la joda, nos hacen abandonar la parte del fondo, esa donde pega el vientito un poco más que refrescante (frío, bah), para pasar a un calor agobiante. Apenas cierran las puertas, pegadas a las cuales me quedo un segundo, me siento un poco mal. Es que hace mucho calor, y hasta capaz esté medio deshidratado, por no tomar nada desde que entramos ($5 pesos por un vaso de Coca???).
De repente, sin aviso, veo un pibe que está siendo abrazado, no cariñosamente, por un patovica. Otro patova aparece en escena, y a la vez que me empuja de costado, se para frente a este flaco y, usando una técnica que conozco de mis años de Taekwon-Do, impulsa hombro y torso con un leve salto de la pierna que está por delante para tirar un tremendo derechazo directo a la cara del pobre que tenía la guardia baja y no se esperaba nada parecido. El sonido de los nudillos quebrando y partiendo el pómulo de la víctima (siendo que el diámetro del brazo que pegaba era el de un acoplado de Scania) todavía me causa impresión. El chabón no reacciona, seguro por quedar aturdido. Se me escapa un "uh, lo mató!" justo al lado del zarpado ese. Me corro hacia un costado para alejarme del revuelto que se empieza a armar, para el lado de la segunda puerta, dónde hago fuerza (bastante) para abrirla, pero no logro nada. Ya me siento muy mal. Me doy vuelta y veo el pómulo hundido en el rostro sangrante del pibe, deformado.
Narrador en off: siempre me impresiona MI sangre y todo lo que signifique una agresión a MI cuerpo me hace dar tal cagazo que me baja la presión y me mareo. Una vez hasta perdí la fuerza en las piernas, quedando sentado en la calle. Y es algo que de a poco creo ir superando. Pero esta vez fue más. Mi excusa es que sí, me impresioné, pero ya me había sentido mal más temprano, y además hacía más de 24 horas que estaba despierto, y el cambio de temperatura fue muy brusco, y no se podía respirar en tanto calor, y no había tomado casi nada de líquido, y, y, y...
Me desmayo. Pero bien desmayado, como nunca en mi vida --pierdo el conocimiento al lado de la puerta. Me acuerdo de un parpadeo y sentir el piso en mi mejilla. Ahora se complica bien la cosa.
Mariano me ve tirado, y a un patovica que se agacha para agarrarme, y claro, piensa que me están trompeando a mí también. Corre a interponerse entre los dos, defendiéndome de mi supuesto agresor. A la vez, el patova piensa que yo soy un borrachín cualquiera que me estoy quedando a dormir en el piso del local, y me quiere sacar a las patadas. Flor de embrollo, con las piñas que iban y venían justo ahí al lado. Se destaca la valentía de Mariano que es muuuucho más flaquito que ningún patovica al saltar con tanta decisión por mi cuerpo inconsciente. La charla se pone áspera y entran en acción Titi y Nacho, el primero ayudando a Mariano a levantarme del suelo y el segundo tomando la posta en la discusión y sacando su abogado interior: "Mirá que si el flaco se te muere acá es TU responsabilidad, loco, ¡¿eh?!". Respuesta inmediata de la bestia esa: se aleja de mí y señalando para la puerta grita serio "¡a la enfermería!".
Al levantarme se me abren los ojos y viendo todo el lío pienso "puta madre, me cagaron a trompadas". Dos pasos, y me desmayo otra vez (segunda caída!). Mariano no da a basto y entonces clama a gritos por ayuda, Nacho da una mano abriendo paso y Titi me agarra como puede. Abro los ojos otra vez... parece que lo único que atino a decir es "veo todo negro". Mientras tanto pienso: "No, no me pegaron... ¡pero cómo tomé! ¡Esta vez sí que me arruiné con el alcohol!" y me desmayo OTRA VEZ. Por suerte ya me tenían de a dos.
Recupero por fin el conocimiento cuando mi cabeza está abajo de la canilla de agua fría del baño. Esta vez me doy cuenta de que no se trata de un golpe ni de alcohol, y me quiero morir. Un auto-atribuido estudiante de medicina da la orden de que me saquen afuera donde hay más aire y que me apoyen sobre el pasto, con las piernas en alto para que la sangre llegue a mi cabeza. Cosas que yo ya sé, pero que no puedo expresar por razones obvias.
La impresión del público en general: "Mirá el alcohólico ese... en andas lo tienen que sacar, ya ni abre los ojos".
Como era de esperarse, a los diez minutos ya estoy muy pancho sobre el césped, ni un rastro del desmayo (sólo la transpiración fría y la cabeza mojada), rogando a Nacho que diga que me zarpé con la bebida, con tal de que no le aclare a las amigas que me desmayé por cagón. El casi médico se retira (realizado, se imaginarán), y una de las amigas de los chicos me alcanza un vaso de Coca que trae de adentro, para luego darse vuelta y con una sonrisa decirle a las otras "qué maricón". Espero no volver a verla nunca más en mi vida --no me da la cara. Se cierra el telón. Hernán saluda al público. Aplausos. Más aplausos.
Volví manejando, como si nada. Era el único mamerto que no había tomado.
Lo peor de todo es que el martes estuve en la sala de autopsias de la Morgue, ví un cadáver, ví en tarritos las vísceras para análisis, entré (encima a oscuras, porque habían cortado la luz del sector) a una sala donde estaban lo féretros y los muertos en bolsas, aguantando el olor penetrante, y sin mosquearme ni un poquito.
(Suspiro)... esto me va a costar años y años de gastadas.
H.